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EDICIÓN

MAYO - AGOSTO 2026

NÚMERO 15


EL COMITÉ

EL COMITÉ

Hacia una nueva generación de la recertificación médica

Dr. Carlos Eduardo Aranda Flores

Tesorero de CONACEM


Dr. Carlos Eduardo Aranda Flores

“Relatoría del Simposio ‘Recertificación médica: ¿garantía de calidad o simple formalidad para el especialista?’, presentado en las Sesiones Conjuntas con la Academia Mexicana de Cirugía y la Academia Nacional de Medicina.”

La evidencia científica como eje del desarrollo profesional continuo

¿Cómo puede demostrarse que un médico especialista mantiene vigente su competencia profesional cuando el conocimiento científico cambia todos los días?

La respuesta se encuentra, en un principio, ampliamente reconocida por la medicina contemporánea: la lex artis ad hoc. Este concepto se refiere al conjunto de conocimientos científicos, normas técnicas, principios éticos y buenas prácticas que, en un momento determinado, definen la actuación profesional esperada frente a un paciente concreto. Este principio exige que las decisiones clínicas se fundamenten en la mejor evidencia disponible y evolucionen a medida que avanza el conocimiento médico. Si ese es hoy el referente de la buena práctica clínica, resulta razonable preguntarse si los mecanismos de recertificación deben evaluar únicamente la participación en actividades académicas o, además, la capacidad del especialista para interpretar y aplicar críticamente dicha evidencia. De esa reflexión surge la propuesta de incorporar un capítulo 6 a la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares, orientado al análisis evaluado de la literatura médica y normativa como una nueva forma de acreditar el desarrollo profesional continuo.

Evolucionar también es una responsabilidad institucional

La medicina cambia todos los días. Cada año se publican nuevas guías de práctica clínica, revisiones sistemáticas, metaanálisis, consensos internacionales y normas que modifican la manera en que diagnosticamos, tratamos y damos seguimiento a nuestros pacientes. Frente a esta realidad, los sistemas de recertificación también deben evolucionar.

No basta con conservar mecanismos que resultaron adecuados hace algunos años si hoy contamos con mejores herramientas para evaluar el aprendizaje y favorecer el desarrollo profesional continuo. La actualización de nuestros modelos no implica abandonar el rigor académico; por el contrario, representa una oportunidad para fortalecerlo mediante estrategias más objetivas, flexibles y centradas en el conocimiento.

Desde la visión impulsada por el Dr. José Ignacio Santos Preciado, presidente del CONACEM, hemos propuesto la primera reforma estructural a la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares desde su implementación en 2017. La incorporación de un capítulo 6, dedicado al análisis de la literatura médica normativa y científica —la denominada Lex artis ad hoc—, constituye el eje de esta transformación.

La propuesta busca resolver una realidad que hoy enfrentan muchos especialistas: la dificultad para encontrar actividades de educación médica continua que aporten un verdadero valor formativo y, al mismo tiempo, sean compatibles con las exigencias del ejercicio profesional. Por ello, el nuevo modelo plantea una profunda modificación a la manera en que se acredita el aprendizaje. En lugar de privilegiar la asistencia a eventos académicos, propone reconocer el estudio independiente sustentado en evidencia científica; flexibilizar la integración de los 250 puntos curriculares mediante seis capítulos sin mínimos obligatorios; incorporar evaluaciones en línea psicométricamente validadas y conservar el examen de recertificación como una vía alterna para quienes lo requieran. Estas modificaciones buscan que el especialista sea evaluado por lo que demuestra saber y aplicar, más que por el número de actividades a las que asiste.

Figura 1. Propuesta de incorporación del capítulo 6: una nueva vía para acreditar el desarrollo profesional mediante el análisis y la evaluación de la literatura científica y normativa.

Objetivo declarado: evolucionar de un modelo centrado en la asistencia a eventos hacia un sistema que evalúe el dominio explícito de la evidencia científica vigente (la Lex artis ad hoc de cada especialidad).

Del registro de asistencia a la demostración del conocimiento

Durante muchos años, buena parte de la educación médica continua se basó en la participación en congresos, cursos y reuniones académicas. Estos espacios continúan siendo valiosos, pero también debemos reconocer que no siempre garantizan un aprendizaje efectivo ni responden por igual a las necesidades de todos los especialistas.

Hoy disponemos de plataformas digitales de acceso inmediato a la literatura científica de alta calidad y de herramientas de evaluación que permiten comprobar objetivamente la comprensión y la aplicación del conocimiento. Por ello, la propuesta no consiste en sustituir la educación médica continua, sino en ampliar las posibilidades mediante una modalidad que privilegie el estudio independiente, la lectura crítica y la reflexión clínica.

El nuevo modelo permitiría acreditar hasta 135 puntos mediante el análisis evaluado de documentos científicos, eliminaría los mínimos obligatorios por capítulo y conservaría el examen de recertificación como vía alternativa para quienes lo requieran. De esta manera, el sistema deja de centrarse exclusivamente en la asistencia a eventos y comienza a valorar el dominio efectivo de la evidencia científica.

Un modelo diseñado para la práctica cotidiana

Uno de los objetivos centrales de esta propuesta es hacer compatible la recertificación con la realidad laboral de los médicos especialistas.

Operativamente, cada Consejo seleccionaría documentos publicados en los últimos cinco años —guías de práctica clínica, normas oficiales, metaanálisis, revisiones sistemáticas o casos clínicos relevantes— que los especialistas analizarían mediante una plataforma electrónica desarrollada para tal fin.

Con una inversión aproximada de dos o tres horas mensuales en lectura estructurada, el médico respondería cuestionarios elaborados con criterios psicométricos, orientados a valorar la aplicación clínica del conocimiento y no únicamente la memorización de conceptos. Acreditar cada evaluación permitiría acumular progresivamente los puntos necesarios para la recertificación.

Más que aumentar las exigencias, este modelo busca transformar el tiempo dedicado a la actualización en una actividad con un impacto directo en la práctica clínica.

Figura 2. Esquema operativo del capítulo 6: selección de documentos, evaluación en línea y acreditación progresiva de puntaje.

Una propuesta alineada con las mejores prácticas internacionales

Con frecuencia se pregunta si este modelo es una innovación exclusiva del CONACEM. La respuesta es no.

Diversos organismos responsables de la certificación médica en Estados Unidos, Canadá, Australia y el Reino Unido han incorporado, desde hace varios años, estrategias basadas en la lectura evaluada de la literatura científica, el aprendizaje autodirigido y la evaluación continua del conocimiento.

Instituciones como el American Board of Internal Medicine, el Royal College of Physicians and Surgeons of Canada o el General Medical Council del Reino Unido han demostrado que estos mecanismos favorecen una actualización más permanente y estrechamente vinculada a la práctica clínica cotidiana.

La evidencia disponible señala, además, que el aprendizaje sustentado en la lectura crítica y en la evaluación periódica produce cambios más duraderos en el desempeño profesional que la mera asistencia a actividades académicas.

Figura 3. Experiencias internacionales que respaldan la incorporación del aprendizaje basado en evidencia y de la evaluación continua.

Una respuesta concreta a los desafíos identificados

La propuesta del capítulo 6 no surge de manera aislada. Implica una respuesta directa a las áreas de oportunidad identificadas durante el diagnóstico nacional sobre la implementación de la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares.

La incorporación de la lectura evaluada permite reconocer nuevas modalidades de educación médica que no existían cuando el modelo fue diseñado; al mismo tiempo, reduce las barreras que enfrentan muchos especialistas para acceder a actividades docentes o de investigación y disminuye la dependencia exclusiva de la asistencia a congresos como la principal fuente de puntaje curricular.

En otras palabras, no se trata únicamente de incorporar un nuevo capítulo. Se trata de construir un sistema más flexible, más equitativo y congruente con la manera en que hoy se genera y se comparte el conocimiento científico.

La recertificación como una práctica de aprendizaje permanente

La recertificación debe dejar de percibirse como un procedimiento burocrático y consolidarse como una auténtica herramienta de crecimiento profesional.

Nuestro compromiso no consiste únicamente en verificar que un especialista conserve sus competencias, sino en ofrecerle mecanismos cada vez más pertinentes, accesibles y con rigor académico para mantenerlas vigentes.

La propuesta del Capítulo 6 representa un paso en esa dirección. Mantiene el rigor que caracteriza al sistema mexicano de certificación, incorpora las posibilidades que ofrece la tecnología y sitúa la evidencia científica en el centro del proceso de aprendizaje.

En última instancia, la recertificación no tiene como propósito acumular puntos. Su verdadero sentido es garantizar que cada decisión clínica continúe sustentándose en el mejor conocimiento disponible. Esa es la esencia de la lex artis ad hoc y, al mismo tiempo, el compromiso ético que el CONACEM y los consejos de especialidades médicas mantienen con la sociedad.