Dr. José Ignacio Santos Preciado
Presidente del CONACEM

La certificación de un médico especialista acredita que, en un momento determinado de su trayectoria, demostró los conocimientos, las habilidades y el juicio profesional necesarios para ejercer su especialidad. La recertificación responde a una pregunta distinta y permanente: ¿cómo aseguramos que esas capacidades permanezcan vigentes frente al avance de la ciencia, la incorporación de nuevas tecnologías y las necesidades cambiantes de los pacientes?
Responder esta pregunta exige superar la idea de que la recertificación es un trámite periódico o la acumulación de constancias. Su verdadero sentido consiste en demostrar que el especialista mantiene actualizadas sus competencias, revisa críticamente su práctica y participa en actividades con una relación verificable con la atención que brinda. No se trata únicamente de acumular puntos, sino de demostrar un desarrollo profesional continuo que contribuya a una medicina más segura y confiable.
Este número de Certeza aborda la recertificación desde diferentes perspectivas que, en conjunto, permiten comprender su alcance y los desafíos que enfrenta en México.
La Cédula de Homologación de Criterios Curriculares para la Recertificación Médica representa un avance en la construcción de referentes comunes. Su propósito no es desconocer las características de cada especialidad, sino establecer bases compartidas para valorar la educación médica continua, la actividad asistencial, la docencia, la investigación y otras expresiones del desempeño profesional. La evaluación nacional que acompaña este proceso permite conocer cómo operan actualmente los Consejos, identificar diferencias y definir una ruta de mejora basada en información verificable.
Esta tarea resulta especialmente relevante porque la recertificación no puede permanecer ajena a la evidencia científica. Durante décadas, la investigación en educación médica ha demostrado que no todas las actividades formativas producen el mismo efecto. La asistencia pasiva a cursos o congresos puede ampliar conocimientos, pero no garantiza, por sí misma, un cambio en la práctica clínica. Las experiencias educativas vinculadas a problemas reales, la participación activa, la evaluación y la retroalimentación tienen mayor probabilidad de modificar el desempeño profesional.
Por ello, avanzar hacia una nueva generación de la recertificación implica reconocer la calidad y la pertinencia de las actividades realizadas, no solo su duración. También implica ofrecer distintas vías para demostrar la vigencia de las competencias, incorporar instrumentos de evaluación confiables y mantener procedimientos transparentes, accesibles y congruentes con la lex artis ad hoc de cada especialidad.
Las reflexiones del Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia, expuestas en esta edición, muestran que este proceso ya está en marcha. Su experiencia permite analizar la recertificación como uno de los pilares de la confianza social y, al mismo tiempo, examinar la evaluación de competencias transversales que acompañan al conocimiento especializado: comunicación clínica, profesionalismo, ética, seguridad del paciente, trabajo en equipo y capacidad para tomar decisiones responsables. Un especialista no se define únicamente por lo que sabe, sino por la manera en que aplica ese conocimiento a cada paciente.
La radiografía nacional incluida en esta edición permite observar tanto la dimensión alcanzada por la recertificación como las diferencias que aún persisten entre especialidades, regiones y grupos profesionales. Conocer esa realidad es indispensable para tomar decisiones. Los datos no deben utilizarse únicamente para describir el pasado, deben ayudarnos a identificar brechas, orientar acciones y evaluar si los cambios emprendidos producen los resultados esperados.
