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EDICIÓN

MAYO - AGOSTO 2026

NÚMERO 15


EL COMITÉ

EL COMITÉ

La recertificación médica como pilar de la confianza social

Dr. Alejandro Rendón Molina

Subdirector de Ginecología y Reproducción Humana en el Instituto Nacional de Perinatología


“Relatoría del Simposio ‘Recertificación médica: ¿garantía de calidad o simple formalidad para el especialista?’, presentado en las Sesiones Conjuntas con la Academia Mexicana de Cirugía y la Academia Nacional de Medicina.”

Reflexiones desde la experiencia del Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia

Con frecuencia escucho que la recertificación médica es un proceso complejo, excesivamente administrativo o incluso una carga adicional para quienes ejercemos una especialidad. Comprendo esa percepción porque, desde la operación cotidiana de un Consejo de Especialidad, conozco las exigencias que conlleva mantener vigente un sistema de evaluación robusto. Sin embargo, también estoy convencido de que esa visión es incompleta. La recertificación no nació para dificultar el ejercicio profesional; existe para preservar aquello que constituye el fundamento mismo de la medicina: la confianza que la sociedad deposita en sus médicos.

Figura 1. La confianza profesional requiere evidencia continua para mantenerse vigente

Vivimos en una época en la que el conocimiento científico evoluciona a una velocidad sin precedentes. Los avances diagnósticos, terapéuticos y tecnológicos modifican continuamente la práctica clínica y obligan a los especialistas a mantener un proceso de actualización permanente. En este contexto, obtener un diploma universitario o una certificación inicial representa un logro trascendental, pero ya no puede entenderse como una garantía definitiva de competencia profesional.

Existen al menos tres razones que explican esta realidad

  • El conocimiento médico evoluciona constantemente y exige una actualización continua.
  • La práctica clínica es extraordinariamente heterogénea; cada especialista enfrenta escenarios distintos, recursos diferentes, poblaciones diversas y riesgos clínicos específicos.
  • El compromiso más importante de cualquier sistema de certificación: contribuir a la seguridad del paciente mediante mecanismos objetivos que permitan demostrar que las competencias profesionales permanecen vigentes.
Figura 2. Evolución del número de especialistas con certificación vigente. El crecimiento obliga a migrar de modelos operativos artesanales hacia sistemas auditables y escalables.

Es decir, el profesionalismo médico no consiste únicamente en haber sido competente durante la residencia o al obtener una certificación. Consiste en demostrar, una y otra vez, que esa competencia se mantiene a medida que la medicina evoluciona. Esta visión no es exclusiva de nuestro país. Instituciones internacionales como el American Board of Medical Specialties y el Royal College of Physicians and Surgeons of Canada han desarrollado modelos que comparten un principio común: la competencia profesional debe sustentarse en evidencia continua.

Lo que hemos aprendido desde la trinchera

Mi experiencia en el Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia me ha permitido comprender que detrás de cada certificado vigente hay un enorme trabajo metodológico. A partir de esa experiencia, considero que hay cinco lecciones que vale la pena compartir:

La verdadera trinchera es la metodológica

Muchas personas imaginan que el trabajo principal de un Consejo consiste en revisar expedientes y verificar documentos. En realidad, la parte más compleja radica en el diseño metodológico de las evaluaciones. La calidad psicométrica de los instrumentos, la revisión por pares, la transparencia de los procesos y la solidez ética de cada decisión son los elementos que permiten que una certificación sea académicamente defendible.

Hoy la fortaleza de un Consejo ya no puede medirse por la cantidad de documentos que procesa, sino por la calidad del método que respalda cada una de sus decisiones.

Cuando la comunidad crece, el desafío deja de ser administrativo

El crecimiento constante del número de especialistas transforma por completo la operación institucional. Los procedimientos que hace algunos años podían resolverse mediante procesos prácticamente artesanales hoy requieren plataformas tecnológicas, sistemas de trazabilidad, auditorías permanentes e indicadores que aseguren la uniformidad y la transparencia.

La vigencia de la certificación dejó de ser únicamente un asunto operativo para convertirse en un verdadero problema de sistema.

Existen distintas formas de demostrar competencia

No todos los especialistas recorren el mismo camino profesional. Algunos mantienen una intensa actividad académica y participan de manera permanente en programas de educación médica continua; otros prefieren acreditar sus competencias mediante procesos de evaluación formal.

Ambas rutas pueden ser igualmente válidas siempre que conduzcan al mismo estándar de calidad. Lo importante no es imponer un único camino, sino garantizar que cualquiera de ellos permita demostrar objetivamente la competencia profesional.

Figura 3. Comparativo anual entre las dos principales rutas de recertificación: desarrollo profesional continuo por puntaje y evaluación mediante examen.

La evaluación debe reconocer la diversidad de la práctica médica

El Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia certifica especialistas en Ginecología y Obstetricia, Biología de la Reproducción Humana, Medicina Materno-Fetal y Urología Ginecológica. Cada área enfrenta riesgos clínicos distintos, poblaciones diversas y competencias específicas.

Un marco común de evaluación debe complementarse con tablas de especificaciones y evidencias diferenciadas para cada área.

Figura 4. Distribución de certificados vigentes por subespecialidad del Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia.

El gran reto es evaluar el desempeño

Quizá el desafío más importante que enfrentamos consiste en dejar de evaluar únicamente los conocimientos y comenzar a valorar aquello que realmente importa: el juicio clínico, la toma de decisiones, el razonamiento profesional y el desempeño frente a los pacientes.

Ese cambio representa una evolución profunda en la manera de entender la certificación. Ya no basta con medir lo que un médico sabe; debemos generar evidencia suficiente para inferir cómo se aplica ese conocimiento en beneficio de las personas.

Romper los mitos

Con frecuencia escuchamos que la recertificación es un castigo, un trámite burocrático o incluso un negocio. Estas críticas no invalidan su finalidad, pero obligan a demostrar que sus costos, requisitos y consecuencias son proporcionales, transparentes y académicamente justificables.

La recertificación constituye un ejercicio de rendición de cuentas ante la sociedad. Su legitimidad depende de la transparencia de los procesos, de la proporcionalidad de las decisiones y del valor académico que respalda cada evaluación. Cuando estos elementos están presentes, la recertificación deja de percibirse como una obligación administrativa y se convierte en una expresión concreta del profesionalismo médico.

Hacia una evaluación continua

En el Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia estamos convencidos de que los procesos de evaluación deben seguir evolucionando. Nuestro propósito es avanzar de modelos episódicos a esquemas longitudinales que acompañen el desarrollo profesional a lo largo de toda la trayectoria del especialista.

En 2023, el CMGO publicó estudios sobre la validación de dominios de competencia y con las denominadas Actividades Profesionales Confiables (Entrustable Professional Activities), con el objetivo de construir un sistema sustentado en evidencia programática y no únicamente en el cumplimiento de requisitos.

Este cambio responde a una tendencia internacional que sitúa el desempeño profesional en el centro de la evaluación.

Custodiar la confianza de las pacientes

Existe una idea que resume el sentido profundo de todo este esfuerzo. Los Consejos de Especialidades Médicas debemos mantener permanentemente una actitud de humildad institucional. Esto implica reconocer nuestros límites, hacer visibles nuestros métodos, someter nuestros procesos a evaluación continua y comprender que cada decisión de certificación representa un acto de confianza pública.

La recertificación no existe para proteger a los Consejos ni para beneficiar exclusivamente al gremio médico. Existe para ofrecer a las y los pacientes y a la sociedad la certeza de que quienes ejercemos una especialidad médica mantenemos las competencias necesarias para brindar una atención segura, ética y de la más alta calidad.

Mientras esa confianza continúe siendo el eje que oriente nuestras decisiones, la recertificación seguirá siendo mucho más que un procedimiento administrativo: será una de las expresiones más claras del compromiso que la profesión médica mantiene con la sociedad.