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EDICIÓN

MAYO - AGOSTO 2026

NÚMERO 15


EL COMITÉ

EL COMITÉ

Cédula de Homologación de Criterios Curriculares para la Recertificación Médica

Dr. Carlos Eduardo Aranda Flores

Tesorero de CONACEM


Dr. Carlos Eduardo Aranda Flores

“Relatoría del Simposio ‘Recertificación médica: ¿garantía de calidad o simple formalidad para el especialista?’, presentado en las Sesiones Conjuntas con la Academia Mexicana de Cirugía y la Academia Nacional de Medicina.”

La evaluación nacional como punto de partida para una nueva etapa

Todo sistema de evaluación requiere evaluarse periódicamente a sí mismo. Después de casi una década de vigencia de la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares para la Recertificación Médica, el CONACEM emprendió en 2026 un ejercicio nacional de revisión para conocer de qué manera se implementaba el modelo en los Consejos de Especialidades Médicas. Más que identificar incumplimientos, el propósito fue comprender la realidad operativa de los Consejos, reconocer sus fortalezas y detectar áreas de mejora. Los resultados no solo ofrecen una radiografía del estado actual del sistema, sino que también constituyen la base para construir un modelo de recertificación más homogéneo, equitativo y acorde con la evolución de la educación médica contemporánea.

Diagnosticar para construir

Con frecuencia hablamos de la importancia de evaluar a los especialistas para garantizar que mantengan vigentes sus competencias profesionales. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre la necesidad de evaluar nuestros propios sistemas de evaluación. Estoy convencido de que ningún modelo normativo puede permanecer estático cuando la práctica médica, la educación y la tecnología evolucionan constantemente.

Con esa convicción, en 2026 emprendimos un ejercicio nacional para conocer cómo se estaba implementando la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares, establecida en 2017. El objetivo no fue fiscalizar a los Consejos de Especialidades Médicas, sino obtener un diagnóstico objetivo que permitiera identificar fortalezas, reconocer dificultades y orientar futuras decisiones de mejora.

Desde su creación, la cédula estableció un estándar nacional basado en un mínimo de 250 puntos distribuidos en cinco grandes capítulos: actividad asistencial, actividad académica, educación médica continua, actividades docentes y actividades de investigación. Este esquema permitió homologar criterios entre los distintos Consejos y fortalecer la transparencia de los procesos de recertificación.

Figura 1. La Cédula de Homologación de Criterios Curriculares estableció en 2017 un estándar nacional de 250 puntos, distribuidos en cinco capítulos, para la recertificación médica.

Una fotografía nacional del sistema

La encuesta de supervisión alcanzó una tasa de respuesta cercana al 100 %, con la participación de 46 de los 47 Consejos de Especialidades Médicas. Este nivel de participación permitió elaborar una radiografía altamente representativa del sistema nacional de recertificación.

Los resultados fueron alentadores. Dos terceras partes de los Consejos declararon la implementación integral del modelo, cumpliendo con la distribución de los 250 puntos establecida en la cédula. Al mismo tiempo, el diagnóstico mostró que un grupo importante reconocía dificultades de implementación, particularmente en los componentes relacionados con la actividad académica y la docencia.

Lejos de constituir un problema, estos hallazgos confirmaron el valor del ejercicio diagnóstico. Identificar las diferencias constituye el primer paso para construir soluciones compartidas.

Figura 2. Semáforo nacional para la implementación de la Cédula de Homologación de Criterios Curriculares.

Comprender dónde se encuentran las brechas

Uno de los aspectos más valiosos del estudio fue identificar que las diferencias entre los Consejos no eran homogéneas. La mayor parte mantenía un adecuado nivel de alineación en los rubros asistenciales y de educación médica continua; sin embargo, las principales áreas de oportunidad se observaron en los capítulos correspondientes a la actividad académica y a la docencia.

Este hallazgo merece una reflexión importante. No necesariamente expresa una falta de compromiso institucional, sino las profundas diferencias existentes entre las condiciones laborales y académicas en las que ejercen miles de especialistas en nuestro país.

Mientras algunos desarrollan su práctica en hospitales universitarios con amplias oportunidades de docencia e investigación, otros ejercen exclusivamente actividades asistenciales en instituciones donde esas oportunidades simplemente no existen.

Figura 3. La mayor desalineación del modelo se concentra en los capítulos de Actividad Académica y de Docencia.

Tres barreras claramente identificadas

El diagnóstico permitió agrupar las principales dificultades en tres categorías.

La primera corresponde al desacuerdo respecto a la ponderación asignada a determinadas actividades curriculares. Un número importante de Consejos considera que algunas actividades, como congresos, membresías o la participación como sinodal, reciben valoraciones que no reflejan adecuadamente su aportación al desarrollo profesional.

La segunda barrera tiene carácter estructural. Muchos especialistas simplemente no tienen acceso a plazas docentes o proyectos formales de investigación, lo que dificulta cumplir con algunos requisitos establecidos hace casi una década.

El estudio identificó una tercera limitación relacionada con la propia evolución de la educación médica. Desde 2017, han surgido nuevas modalidades de formación, como los cursos virtuales, los diplomados en línea, los webinars y diversas herramientas basadas en inteligencia artificial, que aún no cuentan con un reconocimiento curricular plenamente definido en el modelo vigente.

Estas tres realidades muestran que el reto no consiste únicamente en exigir el cumplimiento de una norma, sino en garantizar que dicha norma siga siendo pertinente para la realidad actual de la medicina.

Figura 4. Las tres principales brechas identificadas por el diagnóstico nacional y las líneas generales para su atención.

Una oportunidad para evolucionar

Estoy convencido de que este diagnóstico representa mucho más que una mera evaluación administrativa. Constituye un ejercicio de autocrítica institucional que fortalece la legitimidad del propio sistema de certificación.

La calidad de un modelo no depende únicamente de la solidez de sus normas, sino también de su capacidad para revisarse, actualizarse y responder a los cambios del entorno. En ese sentido, reconocer áreas de oportunidad no debilita al CONACEM; por el contrario, confirma su compromiso con la mejora continua y con la construcción de estándares cada vez más justos, homogéneos y transparentes.

La recertificación médica seguirá siendo uno de los principales instrumentos para preservar la confianza social en la medicina especializada. Pero esa confianza también exige que los propios procesos de evaluación avancen con el mismo rigor, la misma evidencia y la misma responsabilidad que demandamos de quienes ejercen una especialidad médica.